La salud pública atraviesa una transformación profunda en el siglo XXI[cite: 2]. Durante décadas, la medicina se centró principalmente en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades individuales[cite: 3]. Sin embargo, los desafíos sanitarios actuales han demostrado que la salud depende de la interacción de múltiples factores biológicos, sociales y ambientales[cite: 4].
Hoy se reconoce que las condiciones de vida, la educación, el trabajo, la organización de las ciudades y el estado de los ecosistemas influyen de manera directa en la salud de las poblaciones[cite: 5]. En este contexto, el enfoque One Health propone comprender la salud como el resultado de la interdependencia entre seres humanos, animales y el ambiente[cite: 6]. Esta perspectiva ha cobrado especial relevancia ante el aumento de enfermedades emergentes y los efectos del cambio climático[cite: 7].
La salud pública contemporánea integra conocimientos provenientes de diversas disciplinas, como la epidemiología, las ciencias sociales, la planificación sanitaria y las ciencias ambientales[cite: 8]. Esta integración permite comprender mejor la complejidad de los problemas sanitarios y diseñar estrategias más eficaces para proteger la salud colectiva[cite: 9].
En este escenario, las universidades desempeñan un papel fundamental en la formación de profesionales capaces de afrontar estos desafíos con una sólida responsabilidad social[cite: 10]. La salud pública del siglo XXI no solo debe orientarse a prevenir enfermedades, sino también a contribuir activamente a la construcción de sociedades más equitativas y sostenibles[cite: 11].